¿Que es un principio? ¿Cuándo comienza realmente algo?
Antes de que adelantases el pie dando un primer paso, aquél primer paso, algo en tu cabeza tuvo que encajar para que decidieses empezar a caminar. Antes de que tu voluntad iniciase el camino, tuvo que nacer el impulso de andar, y antes incluso de eso tuviste que percatarte de que existía un camino... o quizá no. Quizá algún día descubriste que estabas en ruta, en un viaje fascinante y arriesgado, y no sólo cuando miras hacia adelante no parece haber ninguna meta a la vista, sino que tampoco puedes recordar en qué momento abandonaste la carretera o caíste rodando por el terraplén.
He cruzado muchos umbrales en mi vida, no dudo de que aún me quedan muchos por atravesar. No todos los he escogido, y algunos de ellos, incluso, traté de negar que existieran. A veces les puse una cadena de excusas, busqué el candado mental más grande que pude, y lo cerré con tres vueltas de llave. Pero cuando se alcanza el umbral, hasta cuando apenas se atisba el otro lado, esa imagen no se olvida. Y un buen día uno se acerca a esa puerta cerrada, cubierta de telarañas, y reconoce en el polvo sus propias huellas. Y se da cuenta de que, a pesar de la herrumbre que recubre los eslabones, el cerrojo está intacto, y descubre que siempre llevó consigo la llave. Y, con una mezcla de nostalgia y expectación, la introduce en la cerradura.
Y esa primera vuelta de llave... quizá eso sea un principio.
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