No soy amiga de las rotundidades y las afirmaciones tajantes, pero hoy voy a hacer una excepción y voy a permitirme una. Un axioma, si se quiere mirar así:
Somos lo que hacemos.
No lo que pensamos que somos, lo que decimos que somos, lo que interpretan otros que somos o lo que queremos convencer a los demás de que somos. Son nuestros actos los que nos definen, no ninguna otra cosa. Porque "ser" es un verbo ambiguo, nebuloso, en el que caben muchas posibilidades que no siempre (a menudo) pasan de eso.
Hay una prueba clásica: haced una lista. Anotad diez frases que empiecen por "Yo soy". Diez sentencias que creáis que os definen como personas. Y después, al lado de cada una, anotad una frase equivalente que contenga un verbo de acción. Por ejemplo: "Yo soy zurda" -- "Yo escribo con la mano izquierda".
Pues bien, cualquier afirmación para la que no podáis encontrar un equivalente, no es cierta. No, no os escandalicéis ni tratéis de justificarla o de excusaros. No. Es. Cierta.
No podéis afirmar, por un poner, "Yo soy escritor" si nunca habéis terminado un relato, o "Yo soy buena persona" si no podéís situar al lado ninguna acción concreta en la que vuestra bondad quede de manifiesto. Toda definición que construyamos de nosotros mismos que no se apoye en actos concretos, simplemente no es real (los pensamientos también son acciones, por cierto, acciones mentales. Una afirmación como "Yo soy muy creativo" puede respaldarse con un "Pienso ideas nuevas y originales todos los días"). Por mucho que teoricemos sobre Aquiles y la tortuga, el movimiento se demuestra andando. Y si resulta que creéis o queréis ser de alguna manera determinada, pero no coincide con lo que queréis hacer... lamento informaros de que entonces lo que queréis no es ser, es sólo aparentar.
La buena noticia es que funciona igual al contrario. No importa las etiquetas que os hayan puesto, los rumores que se puedan contar, o las expectativas que vuestros padres o parejas proyecten sobre vosotros. No eres torpe si practicas una técnica o un arte con habilidad, no eres malo si no le haces mal a nadie, no eres débil si puedes superar un obstáculo y salir reforzado de ello, no eres inútil si haces cosas que sean de utilidad para tí o para otros. Y tampoco te definen las acciones que hiciste en el pasado pero ya no haces, ni las que puntualmente puedes realizar sin que tengan presencia en tu vida. No eres deportista por salir a correr un día al año, ni eres fumador si hace dos años que no enciendes un cigarro. Las personas estamos en constante evolución, y cada día podemos empezar a reinventarnos.
Y eso no significa fantasear con lo que nos gustaría ser, o hacer castillos en el aire sobre las cosas que haremos, o haríamos. Ni mucho menos repetir a los demás lo estupendos y maravillosos que somos, para que su admiración nos legitime. Porque ninguna de esas cosas, a la hora de la verdad, vale nada. Repito: somos lo que hacemos. Y sin embargo, la mayoría de las veces, ni siquiera nos percatamos de qué es lo que estamos haciendo, de qué camino estamos recorriendo, a dónde nos lleva, y en qué nos convierte.
Hagamos un momento el ejercicio contrario. Anotad diez frases que empiecen por "Yo hago" o un verbo activo equivalente. Cosas que sean constantes en vuestra vida, prácticas regulares, actividades cotidianas o rutinarias, o acciones menos habituales pero que llevéis a cabo con cierta asiduidad, os gusten o no. Y después, al lado, traducidlas a la frase equivalente que empiece por "Yo soy".
Eso es lo que sois, hoy por hoy. No lo único que sois, claro, pero parte de ello; la parte, de hecho, que primero os ha venido a la mente. Si el resultado os agrada, me alegro de corazón. Si os irrita, os molesta, os parece desagradable o no se corresponde con lo que siempre habíais querido ser... bien, podéis cambiarlo. Siempre se está a tiempo de cambiar. Pero la forma de hacerlo no es negar que esos actos os definan, sino cambiar esos actos. Elegid una frase, una rutina, una actividad que no os guste, y pensad, no en cómo dejar de hacerla, si no cómo alterarla para que se acerque más a lo que buscáis.
Haced lo que queréis hacer, y seréis lo que queréis ser.
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